miércoles, 4 de julio de 2012
FOTOS CARRERAS DE BURROS PIRULITO 2012
A petición de algunos amigos, cuelgo algunas de las fotos que realicé en las carreras de burros para que todo aquel que quiera se las descargue. Espero que os gusten.
lunes, 18 de junio de 2012
SAN ANTONIO, LA HUELLA DE UNA TRADICIÓN.
San
Antonio de Padua, una de las imágenes más veneradas de nuestro municipio y con
más arraigo entre los nervenses, volvió
a congregar centenares de devotos y personas llegadas de otros municipios en lo
que ya es uno de los movimientos romeros más importantes de la provincia. El fin de semana ha sido
bastante completo en el barrio de El Ventoso, lugar donde se alza la ermita de
San Antonio. Noches de baile y música andaluza,
recogida del romero, una procesión que como siempre recorrió cada metro
del Ventoso en la noche del sábado para llegar al centro del pueblo y descansar
en la iglesia parroquial de San Bartolomé. Todo ello dio paso a las
celebraciones del domingo, el gran día
en el que la salida de la carreta del estandarte
a eso de las 9 de la mañana desde el barrio ventosero para encontrarse con
la imagen de San Antonio en el templo de la iglesia, ya anuncia los parabienes
de un día en el que los romeros y devotos
de San Antonio de Padua ponen todo su empeño y corazón para disfrutar de
una romería que ya es una tradición ineludible
cuando llegan los calores de mediados de junio. La misa de romeros que este año estuvo cantada por el grupo
local ¨camino¨ y oficiada por el nuevo párroco Servando Pedrero Lagares, era la
antesala de una romería que cada año va a más y que llena las calles de iconos
andaluces que también en Nerva son seña de identidad. Interminable presencia de caballos, carruajes
tanto tirados por equinos como motorizados y engalanados con todo el ingenio
del mundo, desfile incesante de lo más vanguardista y clásico en moda
flamenca con multitud de trajes que aun
dan más colorido y efervescencia andaluza, sones andaluces que se sales de cada
carroza y que se mezclan en la mañana romera, los bueyes que marcan el paso
firme que ha de llevar el sequito, etc.
Hacia las 11 de la mañana arrancaba la
esperada romería que llevaría otra vez a la imagen de San Antonio a su venerado
barrio, ese que cada día le rinde visitas en su ermita, siempre abierta para
ofrecerte su ayuda, como ocurre con el corazón de la gente ventosera.
Cuando el santo vuelve casa, su gente continua hasta el lugar de
sesteo en el que viandas de todo tipo regadas con caldos de la tierra ponen
firme a los rigores del calor sufridos.
Cuando la brisa ya se va haciendo más
liviana y tras una tarde de buena compañía y conversadera, los romeros vuelven
al barrio para esperar ya con el fresco de la tarde noche a que las salvas de
cohetes y fuegos artificiales pongan el punto y final a una nueva edición
romera de San Antonio que pone fin a días previos de caballos por las calles y
de secretas reuniones para vestir las carrozas.
Un año más tenemos que dar la
enhorabuena a la hermandad de San Antonio de Padua, recordando que los actos en
honor a San Antonio no se circunscriben solo a la romería, sino a numerosas
celebraciones religiosas previas que también han contado con un importante
seguimiento.
viernes, 15 de junio de 2012
DESTINO TRILERO
Tras algunas semanas metido en un
agujero ficticio pero profundo y agónico, vuelvo a la superficie de la vida
para intentar seguir en un mundo en el que, aunque ya no tengo demasiadas
razones para querer tirar hacia adelante, siento que he de continuar aunque sea
solo por no amargar la existencia de aquellos que no conciben que me haya
cansado de luchar, aquellos que no entienden que llega un punto en el que ya
prefieres bajar los brazos y abandonarte a lo que quiera el azar , que al fin y
al cabo, es lo que siempre ocurre pues todo aquello que pasa o no pasa es cuestión
siempre de ese ¨trilero¨ llamado destino.
No quiero que parezca que soy la persona más desgraciada del mundo, por supuesto que no, pues soy consciente de
que hay gente que tiene problemas que de verdad son problemas que marcan una
diferencia abismal comparado con los míos, pero es cierto que, como dijo alguien, no existen grandes ni
pequeños problemas sino gente con más o menos capacidad para superarlos. Yo no
es que tenga menos capacidad que nadie para salir a flote tras algunos
problemas de salud, lo que no tengo es más moral para continuar con una lucha
que se ha convertido en algo estéril
tras meses y meses de ilusiones pensando que toda esa batalla derramada serviría
para algo. Ahora bajo los brazos, ya no quiero seguir marcando unas pautas que
en nada han servido para que mis pulmones se oxigenaran con un merecido aire
que a mí no se me reparte igual que a los demás. Han sido largos periplos de
pruebas y más pruebas, diagnósticos unos tras otros que se desdecían entre
ellos, en fin, un periplo que es mejor olvidar porque a estas alturas ya no sé
si hace más daño la enfermedad en si o todas las secuelas marcadas a fuego en
mi mente por todo lo que me ha tocado ir oyendo.
No quiero, y lo digo una vez más, señalarme como una víctima de nada ni ser presa de ese
victimismo que algunos pueda entrever.
Yo, lo único que quiero con todo esto que digo y plasmo aquí, es que la gente
comprenda que aunque pasar por una enfermedad determinada es algo que nos puede tocar a todos, no todos corremos la
misma suerte, y aunque afortunadamente lo que yo padezco no es para morirme, al
menos todavía, es cierto que toda una serie de desatinos y de reglas marcadas
que no han solucionado nada a pesar de seguirlas a pies juntillas, pues hace
que al final tires la toalla. Ningún médico va a reconocer que se ha equivocado
o que algunas actuaciones no han servido para corregir el problema, todo lo
contrario. Al final de todo esto te agazapas en los brazos de la suerte y que
sea lo que quiera la divina providencia, porque además de que estás enfermo y
que no te acaban de solucionar tu problema, encima te hacen sentir que el
culpable eres tú.
Pero bueno, como siempre digo se puede
tener un día malo o muchos días en los que no quieres más que aislarte en algún
lugar donde nadie te vea, pero pasados esos días siempre aparece el ser fuerte
y tenaz que siempre fui. Ha llegado el momento de dejar las lamentaciones, ha
llegado el momento de no dejar de lado aquello que me produce bienestar. Tras
algunos días en playa de la soledad y la meditación más interna, llega el
momento de izar velas y con el barco de surcar océanos de desavenencias, poner rumbo a la vida. Cada minuto que pienso en el pasado es un minuto que le quito al
presente.
OÍR TU VOZ
Hoy he vuelto a oír tu voz después de
casi 20 años y todo parecía igual que antes.
Muchas turbulencias hicieron caer el
vuelo de nuestros sueños juntos, pero desde luego hay situaciones que te evocan
a aquel pasado en el que ambos fuimos felices mientras creímos que el amor era
algo que duraba para siempre, mientras pensamos que aquella pasión desbordada
de entonces nunca se iría, mientras fuimos tan inocentes como para pensar que
nuestra historia sería eterna y que nada ni nadie nos podría separar.
Fuimos dos adolescentes que se comían el
mundo pensando que en la vida solo hacen falta besos y arrumacos de esos que se
dan cuando tienes 20 años menos que ahora, pero no reparamos en que el amor es
algo que desgraciadamente tiene fecha de caducidad y termina pudriéndose de
tanto usarlo. Pero siempre quedan los vestigios de buenos tiempos a los que
agarrarse, la manera de hacer que
cicatricen heridas que nunca hubieran cerrado. Hoy, al oír tu voz, volví a percibir aquel tono meloso de niña enamorada
que siempre me llamaba para que unas palabras aliviaran esos momentos de
ansiedad por no estar juntos. El motivo de tu llamada era muy distinto a
aquellas llamadas de entonces pero no he podido evitar retrotraerme a otros
tiempos.
No he podido evitar que al escuchar tu
voz, que sigue siendo aterciopelada como siempre, se me hiciera un nudo en la
garganta y me encontrara tan nervioso como aquellas primeras veces que hablamos
cuando nos empezábamos a enamorar.
Aun recuerdo aquellos días de
interminables horas colgados de un teléfono acercando la distancia a través de
palabras que nos hacían sentir juntos y mitigaban esa eterna espera hasta poder
vernos y abrazarnos. Hoy al escucharte, me hubiera gustado susurrarte aquellos
versos que tanto te gustaban y que tenía casi que recitarte a todas horas,
aquellos versos que hablaban de amor, un amor del que ya hoy no queda nada,
solo recuerdos que no sé si habitan igual en tu mente como en la mía. Tras esos
momentos de pensar en aquello que fue y que hoy ya no es nada, volvimos a la
realidad. Tú me dejaste la fría consigna que tenías que darme y con la más
absoluta indiferencia colgaste el teléfono, produciendo un silencio y un vacio
que es la prueba más inequívoca de que ya no volveremos a hablar más, ya no
volveré a escuchar más tu voz, esa voz que para mí era más que el aire que
llena mis pulmones. Hubiera querido decirte tantas cosas…
¡QUÉ TIEMPOS AQUELLOS!
La vida pasa a un ritmo frenético y te
das cuenta de que todo lo vivido ya no es más que unas huellas del pasado que jamás se
borrarán, es verdad, pero que jamás volverán.
Miro
atrás y recuerdo aquellos años en
los que siendo un chaval tenía las preocupaciones típicas de cualquier
mozalbete adolescente, nada que ver con la jungla que vivo hoy con miles de
problemas que me devoran como feroces depredadores.
Echo la vista atrás y los ojos se me
encienden al recordar la cara de aquella niña que me robó el corazón, aquellos
juegos de antes entre amigos que eran como tu propia familia, aquellas
travesuras entre bocatas de mortadela, filete o pan con chocolate que terminaban
llenos de tierra porque caían en medio de algún regate de media tarde o
alguna escaramuza para que no te pillara quien se la quedaba jugando al ¨corre
que te pillo¨.
Recuerdo aquellos besos robados mediante
acuerdo con cualquier amigo para besar a la niña de mis sueños jugando a las
prendas. La verdad es que los recuerdos son precisamente esos flashes que te hace
vivir cuando consideras que andar por la vida casi no tiene sentido, pero sobre todo, aquellos vestigios del
pasado más feliz siempre te saca una sonrisa que es como el arco iris en medio
de la tempestad emocional.
Cuanto daría yo por poder volver a aquel
tiempo pasado en el que si no rozaba la felicidad completa era porque habíamos
perdido algún partido importante con el barrio rival, porque nos habíamos
ganado algún castigo que nos hacía permanecer en casa o porque alguna tarde
esperabas con ansia de noble amor a la niña de tus sueños y esta no salía por
culpa de las malditos deberes o por
cualquier otra razón que te argumentaba en una nota escrita en un pequeño papel,
impregnado de colonia, que te llegaba mediante alguna amiga que hacía de
mensajera.
Cuanto daría por oír de nuevo los gritos
de mi madre cuando me llamaba para la recogida y vuelta a casa que siempre
demoraba unos minutos más.
Eran aquellos años en los que ni yo
había crecido ni la maldad tampoco. No me cabe la menor duda de que antes
éramos mejores personas o más inocentes y nobles que las generaciones de ahora,
machacadas por un mundo, dicen que más moderno, pero que nos ha convertido a
todos en solitarios autómatas que vivimos siempre en la cuerda floja o en la delgada
línea que separa el bien del mal.
Echo de menos aquellas tardes de fina
lluvia en la que hacíamos esas cabañas de ramajes e imaginación y donde
jugábamos a ser mayores. Ahora me gustaría jugar a ser lo de entonces, ese que
era feliz siendo un niño y para el que no existía el frio, ni el calor, ni
nada. Solo me preocupaba cuando en verano mamá no te dejaba salir hasta que el
sol era algo menos virulento. Miraba cientos de veces aquel reloj que parecía
que me tuviera manía y que no quería marcar las 8 de la tarde, hora de veda
abierta para las emociones de chaval que se bebía los metros hasta llegar donde
estaban todos.
¡Qué tiempos aquellos!
martes, 15 de mayo de 2012
A MI AMIGO KEVIN
Dedicado a un niño que desde que nació ya supo que hay que luchar en la vida.
Eras apenas nada y a la vez el milagro
más grande. Tus manitas casi inapreciables ya dejaban entrever el gesto de
querer agarrarte fuerte a la vida. Tus ojos, expresivos y llenos de vida se
convirtieron en la primera y más grande de las razones para entender que la
vida siempre se abre camino, que no hay nada que pueda compensar ciertos
momentos, que solo una mirada tuya valdría por millones de lágrimas y noches de
eterno desvelo mirándote y ayudándote a
seguir adelante.
Fueron días de llanto al verte en aquella
jungla de cristal a la que te enfrentaste, aquel ring de hospital en el que
librabas un combate con la vida peleando duramente para ganar el más bello
premio, dejar la frialdad de aquella sala para cobijarte en los brazos de mamá.
Tus suspiros estremecían hasta los pilares más fuertes, tus balbuceos eran la
sinfonía más explícita de gozo para los oídos de quienes te oían y miraban a
todas horas.
Eras casi nada, un pequeño cuerpecito
que casi cabía en las manos, con esa mirada cándida de no comprender la razón
por la que el destino te había elegido a ti para tan dura prueba.
Tú naciste y contigo nacieron las
esperanzas incluso del más escéptico,
pues nadie dudaba que aquella cosita tan bella, tan pequeña y tan
indefensa llegaba a este mundo para ser la luz que iluminara el camino de aquellos que le engendraron. Tú
viniste para cambiar el curso de la cosas, para dejar claro que el amor es el
mejor argumento para entender que vale la pena luchar. Mamá siempre estaba
allí, al ladito de aquella improvisada e incómoda cuna en la que te tocó vivir
tus primeros días, nada que ver con aquella cálida habitación que con el mimo y
el más meticuloso celo habían preparado para que tus sueños empezaran a ser
felices, para que entendieras que ya no estarías solo, que pasara lo que pasara
en la cama de al lado estaría siempre quien daría la misma vida por ti.
Los años han pasado y las sonrisas de
miles de momentos han borrado las huellas de aquellos duros instantes. El
pequeño ¨conejito¨ indefenso se va haciendo mayor sin más novedad que los
típicos catarros, algún dolor de tripa producto del atracón de ¨chuches¨ o
alguna rodilla magullada como muesca de juegos de infancia.
Todo ha cambiado afortunadamente menos
el abrazo de mamá. Mamá sigue secando lagrimillas de llanto angelical y sigue
curando heridas con tan solo tocarlas. Cuando duermes, ella sigue mirándote
como aquellos primeros días, velando tu sueño, sin poder apartar la vista de
ese trocito de sí misma que, aunque ha crecido, sigue siendo ese pequeño gorrioncillo
que queda indefenso en la selva de asfalto y ritmo trepidante que marca la
vida.
¿Qué será de mayor? Se pregunta mamá y
papá cuando te ven dormir de manera plácida en ese lecho con sábanas de
ilusión, cariño a mantas y encajes de besos que nunca faltan. Será lo que él decida, pero no hay mayor
alegría que saber que a pesar de aquellos duros días de desaliento e
incertidumbre por tu temprana llegada, tú serás quien decida.
MÁS QUE HACER FOTOS.
Hay
experiencias que, aun convertidas en algo que puede llegar a ser rutinario, son
un soplo de aire fresco que oxigena las más viciadas arterias llenas de desidia
y monotonía.
Salir
con las primeras luces de la mañana y
hacer fotografías, con esos primeros rayos de sol que se escapan como
furtivos entre las nubes o que riegan
los más dormidos enseres del entorno, es como ser testigo de los encantos de
una mujer que se desnuda lentamente ante ti y que miras extasiado. Cada objeto, cada flor
impregnada de la escarcha mañanera, cada resquicio iluminado que sobresale de
la escena, son como pequeñas pinceladas de un ser divino que empieza a esbozar
en el lienzo de la vida arrebatadores argumentos que te hacen dar gracias por
vivir un día más.
Cada
lugar es diferente al otro y diferente de cómo se mostraba el día anterior,
cada color brilla y se muestra de una manera distinta según la luz que se
adueña de un arrebatador paisaje único entre los paisajes. No sabría decir si
la belleza de lo que ante mí se abre me hizo amar la fotografía o la fotografía
que recoge la mejor sonrisa de mi entorno me he hecho amar el paisaje sobre
cualquier otra cosa al poder recrearme en él cada instante. Con solo ver
alguna instantánea se me enciende la
chispa de las emociones y la felicidad.
No
hay dolores, ni físicos ni emocionales, no hay angustias que provoquen asfixia,
no hay ruidos que masacren heridas del día a día, no hay aire cargado de
dramatismo por lo incierto del presente, no hay más premisa que ver lo que en
forma de regalo con luces de oro se pone ante ti para demostrarte que la vida,
por mucho que a veces pensemos otra cosa, es el más maravilloso de los regalos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






