viernes, 15 de junio de 2012

DESTINO TRILERO


Tras algunas semanas metido en un agujero ficticio pero profundo y agónico, vuelvo a la superficie de la vida para intentar seguir en un mundo en el que, aunque ya no tengo demasiadas razones para querer tirar hacia adelante, siento que he de continuar aunque sea solo por no amargar la existencia de aquellos que no conciben que me haya cansado de luchar, aquellos que no entienden que llega un punto en el que ya prefieres bajar los brazos y abandonarte a lo que quiera el azar , que al fin y al cabo, es lo que siempre ocurre pues  todo aquello que pasa o no pasa es cuestión siempre de ese ¨trilero¨ llamado destino.   No quiero que parezca que soy la persona más desgraciada del mundo,  por supuesto que no, pues soy consciente de que hay gente que tiene problemas que de verdad son problemas que marcan una diferencia abismal comparado con los míos, pero es cierto que,  como dijo alguien, no existen grandes ni pequeños problemas sino gente con más o menos capacidad para superarlos. Yo no es que tenga menos capacidad que nadie para salir a flote tras algunos problemas de salud, lo que no tengo es más moral para continuar con una lucha que se ha  convertido en algo estéril tras meses y meses de ilusiones pensando que toda esa batalla derramada serviría para algo. Ahora bajo los brazos, ya no quiero seguir marcando unas pautas que en nada han servido para que mis pulmones se oxigenaran con un merecido aire que a mí no se me reparte igual que a los demás. Han sido largos periplos de pruebas y más pruebas, diagnósticos unos tras otros que se desdecían entre ellos, en fin, un periplo que es mejor olvidar porque a estas alturas ya no sé si hace más daño la enfermedad en si o todas las secuelas marcadas a fuego en mi mente por todo lo que me ha tocado ir oyendo.
No quiero, y lo digo una vez más,  señalarme como  una víctima de nada ni ser presa de ese victimismo que algunos pueda  entrever. Yo, lo único que quiero con todo esto que digo y plasmo aquí, es que la gente comprenda que aunque pasar por una enfermedad determinada es algo que nos  puede tocar a todos, no todos corremos la misma suerte, y aunque afortunadamente lo que yo padezco no es para morirme, al menos todavía, es cierto que toda una serie de desatinos y de reglas marcadas que no han solucionado nada a pesar de seguirlas a pies juntillas, pues hace que al final tires la toalla. Ningún médico va a reconocer que se ha equivocado o que algunas actuaciones no han servido para corregir el problema, todo lo contrario. Al final de todo esto te agazapas en los brazos de la suerte y que sea lo que quiera la divina providencia, porque además de que estás enfermo y que no te acaban de solucionar tu problema, encima te hacen sentir que el culpable eres tú.
Pero bueno, como siempre digo se puede tener un día malo o muchos días en los que no quieres más que aislarte en algún lugar donde nadie te vea, pero pasados esos días siempre aparece el ser fuerte y tenaz que siempre fui. Ha llegado el momento de dejar las lamentaciones, ha llegado el momento de no dejar de lado aquello que me produce bienestar. Tras algunos días en playa de la soledad y la meditación más interna, llega el momento de izar velas y con el barco de surcar océanos de desavenencias,  poner rumbo a la vida. Cada minuto que pienso  en el pasado es un minuto que le quito al presente. 

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