lunes, 20 de febrero de 2012

COLOSO EN OFF


Quiero compartir con todos aquellos que visitan mi blog el artículo que recientemente hice para CUENCAMINERA, periódico mensual en el que tengo la suerte de participar.

Espero que os guste:

La fábrica de los ruidos que se traducían en prosperdidad, yace inerte, como muerta, como callada ante el atropello de no dejar que la tierra siga dando sus frutos, siga aportando historia y pan para los de estos lares.
Todo es como un gran cementerio de maquinas y un desolador paisaje de frustración y envejecimiento de lo que otrora fue ejemplo de modernidad y sofisticación, lugar de ensueño que reflejaba la victoria del desarrollo, la consecución de miles de anhelos de aquellos que soñaban con rebasar los listones de lo imposible.
Ahora nada queda, solo vestigios de un tiempo pasado cuyos recuerdos son esas inmensas fotos de lugares y enseres que han quedado sórdidos, vacios, manteniéndose por orgullo de lo que un día fueron, resisitiéndose a doblar las rodillas.
Es un paisaje que te hace sentir en otra época, en otro lugar, en otro planeta.
Restos de toneladas de hierro y escorias, colores que siguen marcados como señal inequívoca de que esta tierra tiene aun mucho que dar, mucho que ofrecer.
El viento se oye más fuerte por este lugar, pues ya no hay ruidos de labores mineras que sobresalgan por encima de todo, cual sinfonía de múltiples instrumentos siempre afinados y partituras sonoras interpretadas en cada turno. ¡Ya no!, ya el viento es el único sonido que se percibe en la inmensidad del complejo minero. Ese viento es el vigia que a cada segundo va por todos los rincones, aireando todo lo que ahora se oxida y se deja en el olvido.
Cientos de hombres daban vida a este compendio de luces y extravagantes formas gigantescas, hombres que accionaban y sincronizaban los muchos procesos que convertían en oro, como cual alquimista, las entrañas de una tierra que solo se abría de piernas para dar su perla más valiosa a quien la sabía trabajar.
Paisaje apocalíptico, colosal e interminable que ante la vista de quienes antes le vieron parece aletargado, anestesiado, como la mentalidad de la gente de esta comarca, aquellos que pasaron de ser eternos luchadores y defendores de lo suyo, a resignados corazones que se conforman con la miseria que nos tocó en mala suerte a pesar de que el vientre de nuestro entorno puede seguir pariendo futuro.
El paisaje esta mudo, desaparecido, de la misma manera que desaparecen la ilusiones de hacer vida en ésta nuestra tierra minera que enmudece ante las injusticias.

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